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PENÍNSULA
IBÉRICA - ARTE RUPESTRE |
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ARTE RUPESTRE ESQUEMÁTICO
Cronología: desde el
V-IV milenio a.C. hasta el III-II milenio a.C.
Pobladores: establecidos
dedicados a actividades cinegéticas, recolectoras y pastoriles.
Abrigos principales: gran cantidad de figuras y escenas complejas.
Lugares de reunión en los que celebraban rituales relacionados
con sus preocupaciones cotidianas.
Abrigos secundarios: figuras
simples. Marcadores territoriales.
Temática
y Significado:
- Danzas rituales o representaciones de grupos sociales.
- Actividad cinegética o pastoreo como modo de vida.
- Soles, puntos y trazos: asociados a la actividad agrícola.
- Ramiformes que identifican al árbol como elemento
portador y productor de frutos (culto fecundidad tierra).
- Ramiformes asociadas a antropomorfos o zoomorfos: identifican
en la cornamenta de los cérvidos las cualidades de
éstos (fuerza, agilidad, etc.). Relacionado con ritos
de culto a la fecundidad de personas o animales y/o con
rituales de caza.
- Ídolos placa, oculados y bitriangulares: símbolos
del calcolítico.
Si la Pintura Rupestre Levantina supone en el contexto europeo
un fenómeno peculiar localizado en el Levante peninsular,
no menos cierto es que la importante distribución de
la pintura esquemática por la geografía de España
y Portugal, también se convierte en un fenómeno
extraordinario en el propio marco europeo. La escasa presencia
de abrigos en el sur de Francia y los pocos conjuntos pintados
de la península italiana confirman que la brutal dispersión
de la pintura esquemática ibérica constituye
una singularidad. En este sentido, y sólo en éste,
se puede considerar como un fenómeno único a
escala europea.
Analizando su distribución en la Península Ibérica
podemos hacer algunas valoraciones generales. En primer lugar
habría que destacar la significativa concentración
que se produce hacia la mitad sur peninsular. Si utilizamos
el Tajo como línea divisoria, el 75% de los abrigos
esquemáticos se sitúa hacia el sur de su cuenca.
Precisamente, en esta zona meridional aparecen las dos cuencas
con mayor porcentaje de abrigos, la del Guadalquivir con un
18% y la del Guadiana con un 15%. Significativa es también
la concentración que se produce en las cuencas menores
del norte de Alicante con un 8% de los abrigos esquemáticos
conocidos, en contraste con las grandes cuencas del Duero
y del Ebro, con sólo el 7% y el 6%, respectivamente.
Distintos paralelos muebles permiten relacionar la pintura
esquemática con el contexto arqueológico del
Neolítico Final y la Edad del Cobre. Los grabados realizados
en el interior de los dólmenes y otra serie de elementos
muebles como ídolos y cerámicas decoradas plantean
una relación directa con la pintura rupestre esquemática.
Mas allá de las similitudes formales que se observan,
se produce por primera vez de forma contundente, la asociación
del simbolismo esquemático con el contexto religioso
y con el contexto funerario colectivo, una particularidad
que nos sitúa frente a la existencia de transformaciones
graduales en relación con los antepasados.
La pintura esquemática nos sitúa frente a un
mundo complejo que abarca una variedad de manifestaciones
importantes en las que, desde los principios de composición
desorganizada, con una participación de elementos temáticos
escasos (antropomorfos, zoomorfos, soliformes), hasta la estructurada
y organizada presencia de nuevas incorporaciones al sistema
esquemático (bitriangulares, cérvidos, ojos
soles, etc), parece existir un proceso que irremediablemente
va ligado a la organización socioeconómica de
las formaciones sociales que los realizan. Su distribución
territorial, repetitiva y recurrente, garantiza su vinculación
a mecanismos de mantenimiento del poder y del control social,
proyectando la ideología dominante por el territorio.
El análisis espacial de la distribución de los
abrigos pintados, así como las particularidades de
localización topográfica y su emplazamiento,
nos permiten reflexionar sobre el territorio y sobre la organización
social del espacio, protagonizada por las comunidades que
lo explotan. La situación de un abrigo en un cierto
accidente natural significativo (fácilmente visible
desde el territorio), o la visibilidad existente desde los
lugares pintados, pueden ayudar a explicar ciertas regularidades
de unos emplazamientos asociados a un cerro o montaña
individualizada (abrigos de visión), asociados a puntos
elevados de grandes sierras (abrigos de culminación),
a barrancos o ramblas (abrigos de movimiento), a collados
o puertos (abrigos de paso) y a cañones (abrigos ocultos)
que, inmersos en la naturaleza, pasan a formar parte del paisaje
social.
Efectivamente, las localizaciones de los abrigos pintados
a lo largo de las redes de comunicación, colaboraban
enérgicamente en la transmisión ideológica
y en la ocupación simbólica del territorio.
También se documentan tendencias recurrentes en varios
modelos de emplazamiento que parecen responder a una clara
intrusión del aparato simbólico en espacios
ligados directamente con las estrategias económicas
(los abrigos de movimiento, con el acceso a los recursos de
las tierras altas y los abrigos de culminación, con
el territorio de explotación ganadera). Las estaciones
aparecen organizadas en ejes longitudinales, localizándose,
fundamentalmente en los tramos que sirven de transición
entre las últimas tierras productivas, desde el punto
de vista agrícola, y la sierra propiamente dicha. La
intrusión del aparato simbólico en las estrategias
económicas es evidente, y tiene que ver con el control
territorial, y con el acceso a los recursos de pastos compartidos
por varias comunidades.
Mientras que el patrón de ocupación de los yacimientos
neolíticos y los posteriores calcolíticos se
transforma radicalmente, desplazándose de las tierras
altas a las tierras bajas, la pintura esquemática sigue
reproduciéndose en las tierras altas. En otras palabras,
el modelo espacial sugerido para la pintura rupestre esquemática
coincide, durante todo su desarrollo, con la fijación
a las áreas montañosas y nos permite leer la
ocupación simbólica del territorio. Si bien
al principio, en el Neolítico, la pintura rupestre
y los asentamientos compartían los mismos escenarios
ambientales, en el transcurso de la Edad del Cobre se habría
consolidado su desvinculación espacial.
Otra línea de investigación potencialmente importante
toma, como punto de partida, la relevancia de la información
que contienen los paneles pintados como fuente de conocimiento
social. En este sentido, su análisis se plantea como
una contribución al rastreo de la creciente complejidad
social que se produce en la Península Ibérica
durante la Prehistoria reciente. Desde ésta perspectiva,
la pintura esquemática nos muestra disimetrías
sociales obvias. Basta una observación detenida de
sus paneles para confirmar agrupaciones colectivas basadas
en categorías de sexo que evidencian segmentaciones
sociales femeninas o masculinas, reflejo de la reserva de
espacios para las identidades de género. Posiblemente
también existían segmentaciones sociales soportadas
por la edad, ya que se pueden verificar auténticos
ritos de paso. Además en los paneles podemos acercarnos
a la instauración de ámbitos colectivos o individuales.
La identificación del individuo frente al grupo nos
sitúa en un claro contexto de complejidad social que
se refleja en las distinciones que empiezan a documentarse
en las series de antropomorfos de numerosos paneles. Finalmente,
se documentan claros ejemplos de distinciones jerárquicas
que indican que el camino hacia el proceso de desigualdad
social ya se ha iniciado. |
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