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Localización: Trenitalia
parada Paestum (junto al área arqueológica).
Descripción: este
museo alberga unas trescientas lastras pintadas provenientes
de unas ochenta tumbas de la necrópolis de Poseidonia
(Paestum) y sus alrededores.
El gran número de pinturas encontradas, su coherencia
cronológica y topográfica y su función
funeraria ritual, reservada exclusivamente a los personajes
de familias hegemónicas, han permitido que se realice
su estudio como si se tratase de un documento escrito que describe
el aspecto, modo de ser y modo de pensar de los habitantes de
la ciudad en el transcurso del siglo IV a.C. Para comprender
el significado de los programas figurativos hay que tener presente
que, tanto los artesanos como los destinatarios de las pinturas,
tenían claro el código expresivo constituido a
partir de elementos decorativos particulares. La combinación
de distintos elementos figurativos componía un programa
figurativo específico que, aunque su función principal
sería definir el sentido del discurso, permitía
además individualizar la fisonomía de los diversos
talleres que, a partir del siglo IV a.C., elaboraban sus propios
repertorios dirigidos a clientelas específicas. Existen,
de hecho, dos estilos principales que coexistieron desde los
inicios de la producción y un tercero que se consolidó
a partir del momento de mayor desarrollo: el primer estilo considera
a las lajas de las tumbas como si fueran cuadros; el segundo
articula el espacio como si se tratase de la decoración
de un muro de un edificio público o privado, subdividiendo
la laja en tres zonas repartidas según un modelo geométrico
fijo; y el tercer estilo deriva de los dos primeros tomando
elementos de ambos.
Para la representación de los valores del mundo masculino
la escena emblemática es la del "retorno
del guerrero", que muestra al guerrero en el momento
en que entra vencedor en su ciudad: montado a caballo, armado
con una o dos lanzas y portando los trofeos tomados del enemigo.
Estas escenas aparecen exclusivamente en las sepulturas de personajes
masculinos de rango elevado, generalmente acompañadas
por un ajuar funerario compuesto por vasos figurados de notable
calidad y objetos distintivos que tenían por objeto indicar
el papel social del personaje. Con el paso del tiempo se fue
adoptando un nuevo repertorio iconográfico que respondía
a las exigencias de una clientela citadina que pretendía
diferenciar la gran diversidad de funciones de los personajes
componentes de la ciudad, y los roles de los miembros de una
misma familia. Las representaciones familiares escenifican la
continuidad de la estirpe y, al mismo tiempo, remarcan las diferencias
de roles sociales de los hombres adultos en función de
la edad. La voluntad de crear diferencias entre grupos de hombres,
contraponiendo la juventud con la madurez, queda clara en las
escenas de duelo, pugilato y carreras de bigas, en las que los
protagonistas se pueden diferenciar por la presencia o ausencia
de barba.
Las mujeres que pertenecían a las clases aristocráticas
de la sociedad cumplían una función de una importancia
notable: tenían a su cargo la custodia de los bienes
familiares y el deber de asegurar la continuidad de la estirpe.
Al principio, las sepulturas de estas mujeres eminentes de la
sociedad no poseían escenas figuradas, la decoración
se limitaba a bandas regulares blancas y rojas alternadas. En
torno al 380-370 a.C. comienzan a aparecer representaciones
con los juegos fúnebres en tumbas femeninas. Esto deja
claro que las mujeres importantes tenían derecho al reconocimiento
de su posición eminente y socialmente central dentro
de la comunidad pero, la inexistencia de especialidades pictóricas
femeninas, da cuenta que el rol de la mujer no era específico
sino complementario al rol del hombre dentro de la misma.
Las representaciones de los juegos fúnebres ponen en
escena un momento fundamental del ritual funerario reservado
a los grupos hegemónicos de Paestum:
la realización de estas ceremonias colectivas en honor
al difunto se suma a los otros signos que ponen en evidencia
la importancia de su estatus social. Este tipo de representaciones
tienden a desaparecer hacia finales del siglo IV a.C., a excepción
de las representaciones de duelos. La escena de duelo, que se
centra en una pareja de guerreros enfrentados, aparece en todos
los casos acompañada de otras representaciones agonísticas.
El puesto que ocupa la escena en la laja, la presencia o ausencia
de un tercer personaje, que puede ser interpretado como un juez,
y el armamento representado permiten individualizar la fisonomía
de los diversos talleres.
La escena de pugilato, representada siempre sobre una de las
lajas largas, aparece en todos los casos acompañada de
otras representaciones agonísticas. Está compuesta
por dos personajes masculinos desnudos enfrentados, con las
manos protegidas y sangrando en la mayor parte de los casos.
Casi siempre los pugilistas se representan acompañados
de un flautista que acompasa el encuentro. El flautista se suele
representar con indumentarias correspondientes al estilo griego,
una larga túnica blanca de mangas cortas bordada y decorada
en rojo, o como un personaje pequeño, deforme y desnudo,
con el vientre prominente y pequeñas piernas de cáprido
(similar a un phlyax).
La escena de la carrera de bigas, representada siempre sobre
una de las lajas largas, está compuesta por dos bigas
a izquierda en carrera, separadas por una columna y guiadas
por un auriga. La forma de las carros, la indumentaria de los
aurigas, el modo como se paran sobre la biga) y el juego cromático
de los caballos son los elementos distintivos que permiten identificar
a los distintos talleres. En los primeros tiempos del siglo
IV a.C. los aurigas se representaban con indumentarias correspondientes
al estilo griego: una larga túnica blanca de mangas cortas
bordada y decorada en rojo y un sombrero en cono. En las representaciones
correspondientes a la segunda mitad del siglo IV a.C. las túnicas
se acortan, en conformidad con un modelo adoptado de los etruscos,
y un casco grueso cubre el cabello corto de los aurigas.
Las pinturas reservadas a las tumbas femeninas muestran como
en Paestum, en el siglo IV
a.C., sus habitantes trataban de superar el dolor y el trauma
de la muerte. En ellas se representa la secuencia explícita
de la ceremonia fúnebre desde el momento en que el individuo
exhala el último suspiro al enterramiento en la tumba.
La ceremonia, que podía durar varios días, comenzaba
con la limpieza de la difunta y su preparación para ser
posteriormente expuesta y recibir honores de los miembros de
la comunidad. Una parte de este proceso estaba dada por el cortejo
fúnebre, compuesto por personajes, generalmente femeninos,
caminando solemnemente mientras portan distintos objetos. En
la tumba 53A el esquema de la prothesis
se basa en una disposición especular de dos figuras femeninas
con gestos de desesperación que no tocan a la difunta.
Poseen vestidos blancos que dejan completamente descubiertos
los brazos y la parte derecha del pecho y un largo velo que
les cubre la cabeza.
La Tumba del Saltador:
formaba parte de un número limitado de sepulturas pertenecientes
a un pequeño núcleo asentado en el margen meridional
del territorio de la ciudad; a lo largo de la calzada que unía
Poseidonia con el puerto de
Agropoli. Datada en torno
a los años 480-470 a.C., esta tumba se destaca por las
pinturas que decoran las paredes internas de la caja de travertino,
en las que ha quedado plasmado el ritual funerario de Poseidonia
del siglo V a.C.
Sobre las cuatro paredes que componen la caja se desarrolla
una escena de simposio. Sobre los lados largos se representan
diez invitados recostados sobre lechos, solos o en parejas,
en el momento final del convite, cuando se entregan a los placeres
del vino, los juegos eróticos, el canto, la música
y al juego del kottabos (que
consistía en lanzar con habilidad un chorro de vino a
un blanco fijo). En uno de los lados cortos se representa, sobre
una mesa, una crátera decorada con guirnaldas de grandes
dimensiones y un joven que se aleja tras haber obtenido con
una oinochoe la bebida sacra
de Dionisos (dios del vino).
Sobre el otro lado corto se representa un cortejo, abierto por
un personaje que hace sonar una flauta, seguido de un joven
cubierto con un delicado paño azul y de un personaje
anciano que camina apoyándose en un bastón. Sobre
el techo se representa la famosa escena que ha dado el nombre
a la tumba: un hombre joven en el momento del salto a un espejo
de agua tras superar una estructura de bloques. |
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Victoria sobre biga en carrera (tumba 86A) – Árbol
con aves (tumba 21A) |
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Carro (tumba 61A) – Escena de batalla (tumba 114A) |
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Escenas de caza (tumba 18A) – Retorno del guerrero (tumbas 61A y 12A) |
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Representaciones de tumbas de mujeres |
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Cuadriga (tumba 48A) – Carrera de bigas – Escenas
de duelo y pugilato (tumbas 1Ar, 24A y 10L) |
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Escenas de duelo (tumba 58A) – Carrera de bigas (tumba
10L) |
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Prothesis (tumba 53A) – Cortejo fúnebre (tumba
47A) – Retorno del guerrero, escena de libación
(tumba 58A) |
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