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ITALIA  -  LOS  ETRUSCOS

ACTIVIDADES DE PRODUCCIÓN

La orfebrería

Desde finales de la Edad del Bronce y sobre todo a principios de la Edad del Hierro, en la época denominada vilanoviana (siglos IX y VIII a.C.), la extracción de minerales de cobre y hierro y el trabajo de los metales sitúa a Etruria en el centro de una extensa red de tráfico e intercambio con el mundo transalpino, Cerdeña, la Italia meridional y el mundo egeo, que favorece la transmisión tecnológica y cultural y contribuye enormemente a su desarrollo. Se han documentado esporádicamente algunas joyas de oro de la primera mitad del siglo IX a.C., con mayor frecuencia de la segunda mitad de dicho siglo y, sobre todo, del siglo VIII a.C., combinadas frecuentemente con bronce, ámbar, hueso o marfil. Las primeras joyas vilanovianas se encontraron en las necrópolis, caracterizando a algunos ajuares funerarios en una época en la que éstos eran todavía generalmente modestos y poco diferenciados, por lo que la aparición de estas joyas se relaciona con el inicio del proceso de diferenciación económica y social. En la segunda mitad del siglo VIII a.C., las poblaciones de Oriente Próximo, privadas de sus mercados habituales por la expansión asiria, se dirigen hacia Occidente en busca de nuevos mercados y nuevas fuentes de abastecimiento de minerales. Los fenicios refuerzan su presencia en las costas de África septentrional y de la Península Ibérica, Sicilia occidental y Cerdeña, mientras que los griegos, limitados por la estrechez de la propia Grecia y atraídos por el hierro y el cobre de Etruria y de las tierras fértiles del sur de Italia, se establecen en las costas meridionales de la península, desde la Apulia hasta la Campania, así como en la parte occidental de Sicilia. Los objetos y materiales preciosos fluyen a Etruria desde Grecia y Oriente Próximo (Asia Menor, Siria, Fenicia, Asiria, Egipto y Chipre) y las joyas de oro van siendo más numerosas. Se multiplican desde el principio de la época orientalizante para responder a la creciente demanda de la aristocracia etrusca que, beneficiándose de la instalación de griegos y fenicios en el Mediterráneo Occidental y de la intensificación del tráfico mediterráneo, se enriquece con el comercio del hierro, objetos metálicos y productos agrícolas, particularmente con el vino. Los objetos y materiales preciosos importados de las distintas regiones de Oriente Próximo, provistos del prestigio de estas civilizaciones y adoptados por las élites locales como signos distintivos de poder y símbolos de un alto estatus social, introducen un nuevo repertorio de formas e imágenes que se incorporan a las producciones locales y dan lugar a una mezcla de estilos.

Hasta la primera mitad del siglo VIII a.C.. la decoración de estas joyas se realizó esencialmente con motivos geométricos, pero a partir de entonces se incorporaron motivos vegetales, como palmetas fenicias, flores de loto y rosetas, figuras de animales reales o fantásticos, como esfinges, quimeras, grifos y felinos, representados de frente o de perfil, aislados o dispuestos en friso; símbolos astrales que representan a la Luna y el Sol, motivos vinculados originalmente al culto de Astarté, diosa de la vida y la muerte; escenas mitológicas más o menos complejas y figuras de la señora o el señor de los animales (motivos todos ellos de origen oriental, que dan a este periodo el nombre de orientallzante). Estas decoraciones ya no son únicamente labradas o estampadas, como antaño, sino que desde mediados del siglo VIII a.C. se recurre a nuevas técnicas de granulación y filigrana, que permiten dibujar distintos motivos con ayuda de pequeñas perlas o de hilos de oro soldados sobre un fondo del mismo metal o, en el caso de los hilos, dispuestos de modo que formen un motivo calado entre dos placas o dos cintas de oro o plata. Tales técnicas, aprendidas de los artesanos procedentes de Oriente Próximo, alcanzaron en Etruria un grado de refinamiento extremo. Los dos centros principales de producción de orfebrería en la época orientalizante se localizaron en Cerveteri (pivote y centro de redistribución de los objetos importados de Oriente Próximo) y Vetulonia. Una característica de la producción salida de los talleres de Vetulonia, fundados por artesanos procedentes de la Etruria meridional, son las decoraciones realizadas mediante una granulación extremadamente fina denominada “pulviscolo” o polvo de oro, adecuada para la ejecución tanto de frisos decorativos como de escenas narrativas (los ornamentos más frecuentes de este periodo son broches, pasadores, collares, colgantes, fíbulas y prendedores). Estas joyas, algunas de ellas demasiado frágiles para su uso habitual, debían de tener una función esencialmente ceremonial y/o funeraria. También son numerosos en las tumbas principescas de Etruria los vasos de banquete en metales preciosos. Cuando no son importados de Chipre o del norte de Siria, son fabricados en los mismos talleres etruscos que las joyas (algunos reproducen antiguas formas locales, mientras que otros imitan modelos orientales).

La acumulación de joyas y la abundancia de vajillas de oro y plata que caracterizan los ornamentos femeninos y los ajuares funerarios de las grandes tumbas principescas de Etruria y el Lacio, no son, como puede comprenderse, un simple reflejo de la vida fastuosa asociada con agrado a la civilización etrusca por las fuentes antiguas, sino ante todo una representación simbólica y una puesta en escena de la opulencia y la potencia de las grandes familias. En la época arcaica, la afirmación del poder y del papel desempeñado por las ciudades se traduce en un nuevo uso de las riquezas que están más repartidas (ya no se atesoran, se invierten en las construcciones de las ciudades: edificación de templos y decoración de santuarios).

Las cerámicas de época orientalizante

La producción cerámica etrusca del periodo orientalizante se caracteriza por una gran diversificación, con la continuidad de la cerámica de impasto, el desarrollo de la cerámica pintada y la aparición del bucchero (búcaro). Característica del periodo vilanoviano, la cerámica de impasto, oscura y de paredes gruesas, originariamente elaborada a mano con una arcilla más o menos basta y ornamentada con motivos geométricos grabados o con elementos metálicos fijados con cola orgánica, perdurará bastante más allá del siglo VIII a.C. Si bien a partir del siglo VII a.C. alcanza cierto prestigio una producción de impasto de paredes más delgadas, realizada a torno rápido (una innovación atribuible a los griegos inmigrados) y con una arcilla más fina, cuyas formas y decoración se inspiran en modelos de Oriente Próximo o en modelos griegos, pronto conocerá la competencia de la cerámica pintada y, algunas décadas más tarde, la de la cerámica de búcaro (que toma prestadas algunas de sus formas). Sustituido poco a poco por unas y otras en las funciones ceremoniales y solemnes, a partir de finales del siglo VII a.C. el impasto pasó a utilizarse esencialmente en el ámbito doméstico como vajilla corriente, y en la elaboración de braseros, tinajas para la conservación de alimentos y ánforas para el transporte de mercancías.

La cerámica griega con decoración geométrica pintada está presente en Etruria ya desde principios del siglo VIII a.C. y bien documentada, particularmente en Veyes y Tarquinia, antes incluso de que los eubeos fundaran los primeros establecimientos griegos de Occidente (Pitecusa hacia el 770 a.C. y Cumas hacia 750 a.C.). Estos modelos griegos, como las copas pintadas con semicírculos colgantes, o con la silueta de un pájaro encerrado en una metopa, comienzan a ser imitados en Etruria a partir del segundo o tercer cuarto del siglo VIII a.C. Con el paso del siglo VIII al siglo VII a.C., los corintios reemplazan a los eubeos a la cabeza del comercio griego en Occidente, y los modelos de la cerámica corintia orientalizante ejercen directamente, o a través de Cumas, una influencia creciente en los talleres etruscos de cerámica pintada. A principios del siglo VII a.C, con el auge del comercio corintio, Cerveteri se convierte en un foco importante de intercambios con Oriente y Grecia, y se impone rápidamente como el principal centro de fabricación de impasto rojo. A Cerveteri también se le atribuye, hacia el año 675 a.C.,la fabricación de los primeros vasos de búcaro realizados a torno con una arcilla naturalmente ferruginosa, muy depurada, caracterizada por una superficie brillante y un color negro homogéneo, obtenido mediante cocción en atmósfera reductora, cuyo brillo puede rivalizar con el del metal. Estos vasos con paredes delgadas o muy delgadas (búcaro sottile) presentan formas de orígenes diversos, con decoraciones grabadas o en relieve de tradición geométrica o de inspiración oriental. La práctica del presente entre los aristócratas y la movilidad de los artesanos contribuyen a la difusión de esta cerámica hacia otras ciudades de la Etruria meridional y marítima, así como al rápido aumento de los talleres de Veyes, Tarquinia, Vulci y Vetulonia.

En la segunda mitad del siglo VII a.C. la influencia de los modelos propiamente orientales, vehiculados por los objetos artísticos importados de la costa sirio fenicia, compite con los modelos griegos orientalizantes e inspira las figuras de animales dibujadas únicamente mediante trazos en medio de exuberantes motivos fitomorfos que decoran grandes ánforas de arcilla fina o vasos de impasto rojo con decoración blanca. Los vasos de búcaro producidos en los talleres de Cerveteri, Veyes, Vulci o Tarquinia toman prestada la forma, iconografía y estilo de estos modelos de Oriente Próximo, pero sólo durante algún tiempo ya que pronto deberán hacer frente a la competencia de los modelos corintios. Hacia 630 a.C., la llegada constante de cerámicas corintias y la instalación de artesanos de formación corintia y grecooriental, vinculan definitivamente la cerámica etrusca al modelo griego.

La época más brillante de la cerámica etrusco corintia culmina a la vez que el periodo orientalizante. Posteriormente tiende a la estandarización e intenta responder, con costes menores, a una demanda de la clase media que retoma para ella los gustos y los modos de vida de las élites. En la cerámica de búcaro aún se producen, a finales del siglo VII a.C., algunos vasos excepcionales por su forma o por su tamaño, pero entre los años 625 y 575 a.C. y a posteriori, las formas y la decoración del búcaro llamado “de transición”, con paredes más gruesas que las del búcaro sottile, tienden a la estandarización. Más abundante y de calidad generalmente más ordinaria, el búcaro se fabrica no sólo en toda Etruria sino también en el Lacio y en Campania, y conocerá una amplia difusión en el Mediterráneo ya que se exporta con el vino etrusco hacia el sur de Francia, España y Sicilia (estando también presente en Cartago, en los santuarios griegos y en las sepulturas de los príncipes celtas).
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